Por favor

Ese jueves se levantó con el pie izquierdo:
La mañana transcurrió agitada, hubo que esquivar dos o tres entes desdichados que decididamente procuraron entintarle al prójimo la vida.
A mediodía, bajo el sol inclemente de las doce horas, ya era inevitable la bancarrota, la quiebra en el ánimo.
Estuvo a punto de caer en un estado de enojo.
                                                        Luego recordó Ayotzinapa, la guerra, el hambre, la injusticia...

Llegó la tarde. Inhaló, exhaló... tratando de despejar la mente ante la mala jornada.
La fría noche mostró el color perfecto para la tristeza, sí, para ese sentimiento tan poco convocado en esa casa.
Estuvo a punto de llorar,
                                    luego recordó la miseria, la orfandad, la soledad desolada de la parte obscura del mundo, donde el sol no calienta, ni hay pan... menos fe.

Por favor, no hay que empolvar la vida con partículas de inconciencia.
Basta sacudirse el ego y la estupidez para percatarse que las bendiciones son más grandes que el pesimismo de un contexto enfermo.
Se requiere levantar la mirada para llenarse los ojos de "gracias".
Basta respirar para reconocer la libertad, la dicha, la voluntad.

No hay que gastar melancolía, ni cólera.
Hay mejores(peores) causas, que sí valen la pena para que se encienda la sangre hasta el punto de ebullición. Para tratar de resolver, al menos, exigir.
Lo de más, es lo de menos. Gajes de vivir.


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