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Mostrando las entradas de julio, 2015

Víctima de luz

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Aquí estoy, 
desenfrenada estrella, desatada, 
buscando entre los hombres mi víctima de luz. 

A ti he llegado. 
Hay algo de universo en tu mirada, 
algo de mar sin playa desembocando cauces infinitos, 
algo de amanecida nostalgia entretenida en imitar palomas... 

Mirarte es verme entera de luz 
rodando en un azul sin barcos y sin puertos. 

Es inútil la sombra en tus pupilas... 
Algún soplo inocente debe haberse dormido en tus entrañas. 

Eres, entre las frondas, mi víctima de luz. 
Eso se llama amor, desde mis labios. 

Tienes que olvidar sendas, 
y disponerte a manejar el viento. 

¡A mis brazos, iniciado de luz, 
víctima mía! 

Pareces una espiga debajo de mi alma, 
y yo, pleamar tendida bajo tu corazón.


Julia de Burgos




Uno con Él

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Eres uno con Dios, porque le amas. 
¡Tu pequeñez qué importa y tu miseria, 
eres uno con Dios, porque le amas! 

Le buscaste en los libros, 
le buscaste en los templos, 
le buscaste en los astros, 
y un día el corazón te dijo, trémulo: 
«aquí está», y desde entonces ya sois uno, 
ya sois uno los dos, porque le amas. 

No podrían separaros 
ni el placer de la vida 
ni el dolor de la muerte. 

En el placer has de mirar su rostro, 
en el dolor has de mirar su rostro, 
en vida y muerte has de mirar su rostro. 

«¡Dios!» dirás en los besos, 
dirás «Dios» en los cantos, 
dirás «¡Dios!» en los ayes. 

Y comprendiendo al fin que es ilusorio 
todo pecado (como toda vida), 
y que nada de Él puede separarte, 
uno con Dios te sentirás por siempre: 
uno solo con Dios, porque le amas.
Amado Nervo


Soneto XXXIX

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Pero olvidé que tus manos satisfacían 
las raíces, regando rosas enmarañadas, 
hasta que florecieron tus huellas digitales 
en la plenaria paz de la naturaleza. 

El azadón y el agua como animales tuyos 
te acompañan, mordiendo y lamiendo la tierra, 
y es así cómo, trabajando, desprendes 
fecundidad, fogosa frescura de claveles. 

Amor y honor de abejas pido para tus manos 
que en la tierra confunden su estirpe transparente, 
y hasta en mi corazón abren su agricultura, 

de tal modo que soy como piedra quemada 
que de pronto, contigo, canta, porque recibe 
el agua de los bosques por tu voz conducida.

Pablo Neruda


Soneto XLIV

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Sabrás que no te amo y que te amo 
puesto que de dos modos es la vida, 
la palabra es un ala del silencio, 
el fuego tiene una mitad de frío. 

Yo te amo para comenzar a amarte, 
para recomenzar el infinito 
y para no dejar de amarte nunca: 
por eso no te amo todavía. 


Te amo y no te amo 
como si tuviera en mis manos 
las llaves de la dicha 
y un incierto destino desdichado. 


Mi amor tiene dos vidas para armarte.
Por eso te amo cuando no te amo 
y por eso te amo cuando te amo.

Pablo Neruda



¿Quién fuera..?

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Estoy buscando una palabra 
en el umbral de tu misterio...



De Silvio Rodríguez: ¿Quién fuera?