Las enseñanzas de Iyengar (1918-2014)

Este miércoles murió B.K.S. Iyengar, una de las figuras más influyentes del yoga en el siglo XX. Su muerte ocurrió en la ciudad de Pune, en la India; tenía 95 años y se dice que hasta hace un par seguía haciendo parados de cabezas y complicadas asanas. Iyengar visitó Estados Unidos en 1956 y a partir de sus enseñanzas una corriente del ashtanga yoga se popularizó en ese país y de ahí a otras partes del mundo.
Aunque la versión que hemos asimilado del yoga tiene que ver más con el fitness y la cultura pop del bienestar que con la meditación y con los antiguos sutras, Iyengar enseñaba una disciplina mucho más férrea y comprometida, si bien es cierto que fue el primer maestro en enseñar yoga a clases de decenas de personas y no sólo a una como rezaba la tradición. Además incorporó una serie de props o aditamentos para la corrección del yoga, incluyendo cinturones, bloques o ligas que modernizaron la instrucción del yoga. Sin embargo sus clases eran sencillas y se concentraba solamente en la práctica: no había incienso, música o demás parafernalia espiritual: sólo yoga, el encuentro entre el ser y el cuerpo, haciendo el yunque divino.
En el siguiente clip de 1938 (vía The Atlantic) se puede ver a Iyengar practicando con una perfección hipnótica, entre el contorsionismo y la armonía gimnástica al servicio de la llave del yoga: la respiración (se cuenta que antes de sus clases Iyengar ponía el micrófono cerca de su rostro y simplemente respiraba: el poder y la claridad de su respiración eran la primera enseñanza y la gran motivación para poder absorber esas bocanadas de prana que significan el beneficio más cuantificable del yoga). “La respiración es la reina de la mente”, escribió.


En la filosofía de Iyengar, expuesta en su popular libro The Light of Yoga, el maestro dice que el cuerpo físico es una manifestación del cuerpo divino. “El cuerpo material tiene una realidad práctica que es accesible. Existe aquí y ahora, y podemos hacer algo con él. Sin embargo, no debemos de olvidar que nuestra parte interior más profunda también está ahí para ayudarnos. Quiere salir a la superficie y expresarse a sí misma”. En cierta forma el yoga es esa disciplina o tecnología física que permite penetrar la superficie y acceder a la capa donde el cuerpo divino del ser inmanente se funde con la presencia y puede actuar sobre nosotros. “Es a través de la alineación del cuerpo que descubro la alineación de mi mente, ser y conciencia”.
Iyengar era consciente de la comercialización del yoga y las críticas que había recibido la disciplina en Estados Unidos como una versión light de la ancestral práctica –que se remonta a la época de los Vedas–; sin embargo, creía que después de todo la expansión de la disciplina había tenido más cosas buenas que malas y consideraba que la mayoría de sus seguidores habían seguido su camino de forma suficientemente fiel, para que los beneficios del yoga pudieran hacerse sentir y tener efectos positivos a nivel global.
De Iyengar se recordará su gracia y elegancia para transmitir y predicar con el ejemplo. El yoga es esencialmente la meditación en movimiento que germina el ser interno: “La acción es movimiento con inteligencia. El mundo está lleno de movimiento. Lo que el mundo necesita es más movimiento consciente, más acción”.

Fuente: Pijamasurf.com

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