Algo sobre la muerte

"¿Quién me untó la muerte en la planta de los pies el día de mi nacimiento?"
Jaime Sabines
 

Saturación de temas con poco tiempo libre para teclear. Así han sido para mí los últimos días.

Quisiera desmenuzar mis "sentires" del vertiginoso proceso electoral que vive México, pero hoy las palabras se me han enlutado. Sigue lastimado el corazón por la  noticia de un terrible asesinato que hoy alejó al esposo y al padre, de su amorosa familia.

"Sólo Dios sabe el día y la hora..." 

No hay escrito que me conmueva más, en este tema, que "Algo sobre la muerte del Mayor Sabines". Imposible me resulta sobrevivir con ojos secos la sexta línea.

Les comparto algunos fragmentos (irresponsablemente seleccionados), invitando a una lectura intensa y dolorosa, pidiendo una cálida plegaria por tant@s y tant@s que sufren, porque no hay fe que consuele sin flaquear ante el duelo injusto de la violencia.

IMD 



"Algo sobre la muerte del Mayor Sabines"
-Primera parte-

Déjame reposar,
aflojar los músculos del corazón
y poner a dormitar el alma
para poder hablar,
para poder recordar estos días,
los más largos del tiempo.

Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas,
por eso es que este hachazo nos sacude.
Nunca frente a tu muerte nos paramos
a pensar en la muerte,
ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la alegría.
No lo sabemos bien, pero de pronto llega
un incesante aviso,
una escapada espada de la boca de Dios
que cae y cae y cae lentamente.
y he aquí que temblamos de miedo,
que nos ahoga el llanto contenido,
que nos aprieta la garganta el miedo.
 
(...)

 Siete caídas sufrió el elote de mi mano
antes de que mi hambre lo encontrara,
siete mil veces he muerto
y estoy risueño como en el primer día.
Nadie dirá: no supo de la vida
más que los bueyes, ni menos que las golondrinas.
Yo siempre he sido el hombre, amigo fiel del perro,
hijo de Dios desmemoriado,
hermano del viento.
¡A la chingada las lágrimas!, dije,
y me puse a llorar
como se ponen a parir.
Estoy descalzo, me gusta pisar el agua y las piedras,
las mujeres, el tiempo,
me gusta pisar la yerba que crecerá sobre mi tumba
(si es que tengo tumba algún día).

(...)
 
Es un mal sueño largo,
una tonta película de espanto,
un túnel que no acaba
lleno de piedras y de charcos.
¡Qué tiempo éste, maldito,
que revuelve las horas y los años,
el sueño y la conciencia,
el ojo abierto y el morir despacio!

(...)

Te has muerto y me has matado un poco.
Porque no estás, ya no estaremos nunca
completos, en un sitio, de algún modo.

Algo le falta al mundo, y tú te has puesto
a empobrecerlo más, ya hacer a solas
tus gentes tristes y tu Dios contento.

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