Contaminación cardíaca

Bum-bum, bum-bum, bum bum bum bum… latía mi corazón acelerado. La noche llegó sin sueño, con una inusitada taquicardia que, he de confesar, alineó mis pensamientos a mis miedos.

Amaneció y hubo una calma aparente. Al desarrollarse la tarde el ritmo se aceleró, nuevamente el corazón tomó vida propia.

Fue contraindicación de un medicamento recetado para contrarrestar la alergia que cada vez amplía sus terrenos hasta cercarme. Polvo, polen, humo… múltiples factores afectan a mi sensible sistema respiratorio. Dejé de tomar el medicamento y mi corazón volvió a latir despacio, tranquilo.

Sin embargo quiero compartirles mi angustia. Hay un factor que me detona una alergia crónica, degenerativa, paralizante: la indiferencia.

Llevo algunos años escuchando las mismas historias, tantas que me separan de una juventud biológica para situarme en una anquilosada desesperación.

La juventud de México se pierde entre los vicios de la comodidad, de la diversión, de la apatía. La “clase política” (que de clase carece en gran medida) está encendiendo motores para un proceso electoral que llega a tocarnos la puerta y, sus protagonistas pareciera que hablaran chino mandarín, al menos en mis oídos. Verdes, azules, amarillos, morados… todos expresan su limitada visión, mientras el país está latiendo a un ritmo distinto.

Muchas son las áreas a mejorar. No quisiera caer en una lista interminable de críticas huecas, ya para eso existen profesionales como Denisse Dresser y otras respetables figuras que recorren el país, cobrando para puntualizar los males.

Sólo quiero expresar, querido y apreciado lector, que siento el corazón un tanto intoxicado por la demagogia, no sólo en el ámbito partidista, sino en el cotidiano. El ciudadano está dormido, el académico aislado, el empresario ocupado en volver a colorear de negro sus finanzas, las familias divididas. La sociedad ocupada en sobrevivir, cuando debiéramos estar atendiendo el llamado de los invisibles, sin voz, sin vida.

Me rehúso a caer en el pesimismo tan socorrido, prefiero vestirme de sonrisas cada mañana. Debe ser que mi traje de alegría se ha ensuciado un poco, necesito lavarlo y ponerlo al sol.

¡Eso es! Voy a lavarme el corazón, mañana estará reluciente y podré volver a escribir versos y cosas bonitas.

Comentarios

Anónimo dijo…
Muy triste, fuerte, intenso y desesperanzador, espero que te quede tan limpiecito el corazón que te diga en su bum bum: estoy dispuesto a creer de nuevo y a albergar esperanzas de que habrá en alguna parte, yo no sé muy bien dónde, pero deberán existir personas dignas de ser admiradas, seguidas y queridas.
S.
Irlanda Mtz. dijo…
Yo también creo que sí hay seres dignos de inspirar, de motivar, de ser seguidos... De momento estamos pasando a través de una neblina en la que no parece haber bondad ni liderazgo, sin embargo confío en que es temporal.

Gracias.

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