Septiembre Bicentenario

La nueva y recién presentada versión de los billetes de 500 pesos, con la pareja Rivera-Kahlo impresa, ha llamado la atención (como se dice comúnmente) de “propios y extraños”. Hay quienes opinan que es una manera creativa de reconocer la aportación de ambos artistas a nuestra cultura. Otros están un tanto inconformes, argumentan que hay personajes más ilustres y mejor relacionados con los festejos patrios, que hubieran sido más adecuados para la distinción del Banco de México.

Es la segunda opinión la que me ocupa, pues hay una serie de personajes que han pasado sin pena ni gloria por las páginas de la historia, al menos de la relatada oficialmente.

Una de mis favoritas, además de ser “heroína” de la Independencia, fue una de las primeras mujeres periodistas de México y me refiero a María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador, mejor conocida como Leona Vicario.



Nació en la ciudad de México en 1789, en el seno de una familia criolla. Sus padres murieron cuando tenía 18 años y quedó bajo la tutela de su tío, el abogado Agustín Pomposo Fernández, en cuyo despacho se enamoró del joven yucateco Andrés Quintana Roo, a quien, cuando pidió la mano de Leona, Don Agustín se la negó argumentando la pobreza del joven.

Más tarde se hizo miembro de la sociedad secreta de “Los Guadalupes”, que trabajaba a favor de la Independencia. Gastó lo que había heredado de sus padres para ayudar clandestinamente al movimiento, comprando armas y comida al ejército rebelde, ayudando a las familias de los apresados.

Ayudaba a enviar y recibir noticias por medio de “heraldos” secretos y escribía informes en clave en el periódico antihispanista “El Ilustrador Americano” (uno de los primeros antecedentes periodísticos de México).

En esa labor periodística, fue delatada y aprehendida, pero logró escapar y huyó a Tacuba, donde reunió a varias mujeres para unirse a la causa insurgente. Cuando la descubrieron, fue amenazada con pasar el resto de su vida en la cárcel. Sin doblegarse, a los 24 años fue sentenciada a permanecer para siempre en el Convento de Belem de las Mochas, en la Cd. De México y le fueron confiscados todos sus bienes.

Pero “su gente” no tardó en rescatarla y, con ingenioso plan, fue sacada de ahí y llevada a Oaxaca para unirse a José María Morelos, llevando bajo su falda una pequeña imprenta con la que siguió difundiendo las noticias como corresponsal de guerra.

Tres años más tarde, se reencontró con Andrés Quintana Roo y contrajeron matrimonio. Tras la captura de Morelos, la pareja huyó a la sierra del Edo. De México, refugiándose en una cueva. Tuvieron 2 hijas, pero más adelante tuvieron que separarse y Leona fue aprehendida nuevamente, hasta que su esposo consiguió un indulto para poder salir del país e irse un tiempo a España.

Al consumarse la Independencia regresaron a México. Leona siguió escribiendo y, en 1822, el Congreso reconoció su mérito y le regresó parte de sus bienes. Murió en 1842.

Así como Leona Vicario, hubo mujeres valientes, decididas, que fueron parte de las transformaciones de nuestra nación y que han sido injustamente excluidas del reconocimiento de la historia.



Algunas como: Gertrudis Bocanegra, Concepción Lombardo de Miramón, Dolores Jiménez y Muro y muchas otras, que asumieron la responsabilidad única de servir al mejoramiento de la patria, esquivando peligros y arriesgando su vida.

El Bicentenario nos llama, nos invita a recordar que la sangre derramada desde 1810 no pudo haber sido en vano. Que la cruda realidad no opaque nuestra capacidad de reflexión, que nuestro corazón no deje de latir por esta nación tan grande y tan noble: México.

IMD

Comentarios

excelente post Irlanda, me gustaría publicarlo en mí revista, es la primera vez que visitó tú blog y me gustó. Felicidades amiga, éxito en todo lo que hagas :)

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