Para ser agraciado, hay que ser agradecido...

No recuerdo con exactitud el momento en que escuché esta frase por primera vez, desconozco su autoría, pero he aprehendido su relevante significado como una premisa cotidiana.

Durante el tiempo que se nos destina para vivir, tenemos la oportunidad de conocer a muchas personas, no importando el ámbito en que nos desarrollemos. Algunos casos son muy agradables, podemos establecer vínculos de amistad, de trabajo o incluso otros más personales y también, hay veces en que simplemente dejamos pasar a quienes no comparten con nosotros alguna afinidad.

Es cuando conocemos a alguien que nos desagrada, que nos lastima, ofende o incluso maltrata cuando se pone verdaderamente a prueba nuestra humanidad, pues ser gentil con los gentiles, no tiene ciencia.

Por ello, es importante reconocer que si alguien ha jugado un rol negativo en nuestras vidas, ademas de alejarnos y no permitir que nos siga dañando, debemos agradecer que esa persona ya ocupó esa posición y nadie más va a volver a dañarnos de esa manera.

Me explico: Si fuera la vida una obra de teatro, en el reparto hay buenos y malos. Si ya sufrimos el infortunio de convivir con un personaje malvado, no debemos suplirlo por otra persona. Debemos agradecer que ya alguien ejerció esa maldad contra nosotros, y olvidarlo como una escena pasada, que nunca más se repetirá.



Esto es una antesala del perdón. Es una vía simple, pero efectiva para ser más fuerte en espíritu y en conciencia.

GRACIAS a todo aquél que critica, ofende y lastima, pues se está privando de la maravilla de ser amado y está ayudando al objeto de su desdén a ser amable, a crecer y a no tener que sufrir nunca más por personas tan pequeñas, como un alacrán que pica a su presa.

IMD

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