Oportunidad en el desierto


Hoy pude recorrer nuevamente una de las carreteras más importantes del estado de Chihuahua, la que conecta a la capital con la "frontera más maravillosa y bella del mundo", como describiría a Juárez, hace varios años, el cantante Juan Gabriel (hijo por adopción de dicha ciudad).

Vale mencionar que uno de mis grandes placeres es viajar por carretera, disfrutar el juego de colores que nos regala Dios al pintar el cielo a su antojo, caprichosamente; el deleite que implica observar las dunas en la arena de Samalayuca; o la íntima plenitud que sugieren los cerros chihuahuenses, ya sea al dibujarse sus bordes con los dorados rayos del sol al amanecer, como en su espeso escondite detrás de una tormenta, como la que nos acompañó en el camino de regreso.




Pero lo mejor de esta corta aventura, no fue el trayecto, sino la convivencia con varios jóvenes valientes de esta inmensa ciudad fronteriza, que comparten la opinión de que los integrantes de esta generación, que actualmente estamos inquietos, curiosos buscando nuestra misión, procurando sumarnos a la mejora de México... muy probablemente no veremos el fruto de nuestra labor, a diferencia de quienes nos antecedieron o de los que vendrán después.

Nos ha tocado la oportunidad histórica de reconstruir instituciones sociales, de reorganizar las células, grupos, organizaciones en las que participamos. Nos corresponde actuar de manera responsable, pues en el ambiente hay una opinión generalizada, llena de negatividad, que fácilmente puede contagiarnos y robarnos la esperanza.

No importa el ámbito en que se intervenga, es preciso recordar que la juventud aunque bella, es pasajera, que la energía que se tiene en estos años no será eterna y que es justo ahora, cuando se debe comenzar a ser la persona que se desea, no hay tiempo que perder.

Los grandes cambios que México espera, están en manos de sus jóvenes, de esos millones que hablan de todo menos de política, de aquellos que no votan, salvo para "estrenar" su identificación, incluso de quienes piensan que la realidad se encuentra lejos, muy lejos de su propia persona.

No esperemos que la vida nos asalte en el ocaso, con un saldo negativo.

IMD


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