Jueves "Muerto"

No importando si la partida fue ayer o hace 30 años, cuando se acercan estas fechas la memoria quita el polvo y obtiene los recuerdos necesarios para inducirnos a la nostalgia.
El próximo jueves será día de muertos según nuestras tradiciones en México y sucede que las partidas siempre son tristes, más cuando no tienen retorno.
Este 2 de noviembre podrémos encontrar escenas inolvidables en los cementerios de nuestro país. En el sur, las familias completas que van y celebran a sus difuntitos, donde todos y cada uno de los familiares participan en la limpieza, las ofrendas, las comidas... En el norte las congregaciones de personas que van a pasar un momento de comunicación con sus recuerdos.
¿Realmente los muertos sentirán nuestra presencia? No lo sé, no lo llegarémos nunca a saber, lo que si es cierto es que los vivos sentimos cercano el sentimiento de aquellos a quienes recordamos.
En el panteón se pueden observar multitudes rodeando a las diferentes tumbas (algunas que con todo lujo enmarcan la partida, algunas otras sin lápida, ni señas, que se pierden en el anonimato de los difuntos).
¿Qué diferencia hay entre una tumba de cantera o de metal? ¿El lujo asegura un lugar en el cielo?
¿Será que toda esta parafernalia de bien morir sirva realmente para algo?
Más allá de nuestras tradiciones, que son muy valiosas, están cada una de las personas que yacen en esos lugares a los que acudimos (si bien ocurre) una vez al año. Bajo la tierra somos iguales, un puñado de huesos que alguna vez dieron sustento a la vida, bajo la tierra no hay discriminación...
El loco, el cuerdo, el pobre, el viejo, el niño, la víctima, el asesino, el cobarde, el corrupto... todos y cada uno de los seres que yacen en los cementerios, bajo unos cuantos metros de tierra se encuentran exactamente de la misma forma, en un silencio abismal, esperando que en algún momento su paso por este mundo haya sido útil.
Sirva este día para recordar, para extrañar, para sentir que estamos vivos y que quienes no lo están nos dejaron una gran encomienda.
No se debe esperar a la muerte para excusar nuestras incapacidades, no dejemos pasar estos segundos de vida que tenemos cada uno sin demostrarnos que realmente nos corre sangre por las venas.
Hay quienes en vida ya están muertos, que les da igual la guerra o el hambre y que se concentran en ser felices en su individualidad. Y hay miles de inquilinos de panteón que darían esa paz que ahora los asfixia por la oportunidad de gritarle al mundo lo que está mal y tratar de cambiarlo un poco.
Que nuestro epitafio diga: vivió, luchó y mejoró la vida de sus semejantes. No seamos un país de muertos y de simples recuerdos, este México necesita vida y hoy es el momento de empezar.
IMD - 2006

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