En la piel

El día en que Camilo se reflejó en el charco que la lluvia había improvisado, supo que no era un camaleón normal. Doce lunas habían pasado desde que sus ojos dieron el giro inicial. Sabía cazar chapulines y lograba asirse con facilidad a las ramas de cualquier árbol. Sordo como los de su especie, aprendió a desarrollar una observación fina. Con sus ojos curiosos disfrutaba los colores de sus congéneres: rojos, morados, azules... incluso negros. Suspiraba al imaginarse algún día mostrando esos colores. Pero no, Camilo no "daba color". Era un sencillo camaleón verde. Incluso las manchas que le brotaban de vez en cuando eran verdes también. En su verde existencia había tristeza y pesadumbre. Una noche se resignó. Viendo con el ojo izquierdo al cielo y con el derecho al río, pensó: -Señor, estoy en tus manos. Si me has hecho verde, dame la sabiduría para entenderlo y ser un camaleón verde y feliz. Dame la tranquilidad para fluir como este río, sin detener...