¿No te has dado cuenta?

Luego de semanas de trabajo, viajes por varios municipios de ese bello estado del sureste mexicano, llegó el gran día. El objetivo de los jóvenes era dar la bienvenida a quienes llegarían de otros rincones del estado, guiarlos a la plaza principal, donde se realizaría una reunión masiva. Cuando llego al lugar, me doy cuenta que la mayoría de mis compañeros de jornada eran desconocidos. Nos fuimos presentando uno a uno. De entre todos sobresalía un joven de bellos ojos negros, mirada fuerte, fija en los ojos del otro. Su nombre: Amílcar Sosa. Duramos varias horas trabajando, él muy atento me ayudó a llevar los materiales, me enseñó algunos consejos para hacer mejor mi labor. Ambos nos caímos muy bien, lo cual hizo fácil la tarea. Pasaron varias horas y cuando todo acabó, nos situamos en un lugar adecuado para descansar. Fue allí, cuando me preguntó: -¿No te has dado cuenta?..... De que soy, sordo. En ese momento sentí el peso sorpresivo de la ignoranci...